Llegué una hora antes de la indicada a mi tía, para que me recogiera en el Aeropuerto de Madrid-Barajas. Once horas sentada en el avión, en medio de un español y un regio los dos muy guapos y amables afortunadamente. Antes de salir la señora de migración me hizo unas preguntas en un tono seco (como suelen hablar los españoles):
Señora de migración:
- Hola.
Yo:
- Hola (tratando de sonreír después de haber pasado once horas sentada y durmiendo poco)
Señora de migración:
- ¿A qué vienes?
Yo
- De paseo… de turismo (confusa por su forma tan directa de hacer la pregunta) y a visitar a mi prima.
Señora de migración:
-¿Trabajas?
Yo:
- No.
Señora de migración:
- ¿Cómo te pagaste el viaje?
Fue cuando entendí que era de migración, trate de despertar.
Yo:
- Me lo pago mi papá.
Señora de migración:
- ¿Y qué es tu papá?
Yo:
-Es empleado, trabaja en salubridad, traje una carta que me envio mi prima.
Cuando supe que la señora era de migración me acorde de la carta y me entere para que me la habían mandado. Se la enseñe y su última pregunta fue:
- ¿Por qué está a nombre de Víctor Gallego si vienes con tu prima?
Respondí en un tono ya no tan amable:
- Porque es su esposo y el departamento lo renta él.
Y por fin me dejó pasar. Llevaba dos maletas aproximadamente de 22 kilos cada una con mi ropa y el encargo de mi prima: 2 neetbook y comida. Salí por fin con mi chamarra puesta (larga y pesada), me abroché la chamarra, pero aún así me calaba el frío cada que se abría la puerta que estaba enfrente, había muchas pancartas con nombres escritos, todos encontraban a sus familiares menos yo, era poca la gente busque y busque, pero no estaba mi tía, cada vez se quedaba más vacío el lugar. Me senté, tenía mucho sueño y hambre, pero el nudo de la preocupación en mi estomago era más fuerte así que me paré en dos minutos y le pregunté a un oficial ¿Dónde hay carritos para subir las maletas? Y nunca voy a olvidar lo que me contestó:
- Yo no te puedo decir eso, porque ese no es mi trabajo.
Y se fue, mi nudo en el estómago se sintió más fuerte, todos los de a mi alrededor se me quedaron viendo, seguí preguntando, pero sus respuestas eran “nose” el único que me contestó fue un señor que trabaja en el aeropuerto, forra las maletas con plástico. Fui por el carrito, después cambié el dinero de pesos mexicanos a euros y me dispuse a buscar unos teléfonos, aunque ya no podía con el peso de las maletas y el de mis nervios. Volví a preguntar, pero sus respuestas eran las mismas “nose” así que regrese a preguntarle al señor de las maletas, me dijo subes al segundo piso y ahí están.
Así que por la rampa eléctrica subí, pero la forma de estar acomodadas mis maletas hizo que la manija de una de ella tocara un botón, que apagó la rampa, las personas que iban adelante sólo voltearon y me dijieron “joder”. El segundo señor amable en el aeropuerto me hizo favor de acomodar la manija y me dijo sube. Me le quedé viendo y apenas iba a decir que no, me dijo sí sube, no se porque le hice caso, pero a mitad de la rampa sentía que el carrito (con 44 kg) se me venía encima, no podía frenar, ni pensar que hacer, así que empeze a correr, entre más avanzaba, más sentía que se me venía encima, pero llegue, al pasillo para subír la segunda rampa, o subir en el elevador, escogí la segunda opción.
Llegué (no sé a qué piso), pero no había teléfonos, los busqué, me atreví a preguntar otra vez y una vez más nadie me contestó. Me rendí en ese piso, fui al elevador, otra vez fue una odisea meterme, bajé al piso donde estaba desde un principio, si fue un reto meterme al elevador lo era más bajarme, empecé a buscar los teléfonos y ¡los encontré! Ya no me importaba el frío, la desvelada ni mi hambre aunque si tenía los estragos, era un manojo de nervios, los teléfonos eran raros y las instrucciones estaban en inglés, metí las monedas y marqué el número sin saber cómo se hacía, pero le atiné a la primera. Me contestó mi prima:
-hola Polita ¿Cómo estas? En tono dulce, alegre.
Tenía ganas de llorar y decirle dónde esta mi tía, no la veo, todos son muy déspotas aquí. Pero contesté:
-Bien y ustedes, oye no veo a mi tía.
Prima:
-(tardaba en contestarme) es que nos dijieron que llegabas una hora más tarde
Lo ultimo que comenté es que en su nuevo país todos eran muy “inamables” me dio la razón y me dijo que era algo que se le olvidó decirme, que me sentara donde estaba, ahí llegaría mi tía y que cuidara las maletas.
Eso hice ya era la hora indicada para que llegara mi tía, pero todavía no estaba, me tranquilicé un poco. Minutos después llegó (fui tan feliz) me dijo que no encontraba la salida de Aeroméxico y nadie le decía dónde era. Salimos, hacía mucho frío cada quién con una maleta, tomamos el Metro, seguí mi costumbre mexicana de cada que se abre la puerta hacerme a un lado para que salieran, pero al parecer no es la costumbre de allá pues como no es tanta la población salen por los lados y por enfrente, así que me gané muchos “joder” antes de subir, ya en el vagón era como si estuviera viendo una de las tantas series españolas que me gustan. El Metro estaba limpio, la gente estaba muy bien vestida con abrigos, medias, botas (todo de marca), pues era el segundo día de diciembre. Me sorprendía mucho su forma de vestir y de hablar, las palabras que me encantaron fueron “bonita y cariño” depende en el sentido que lo usen, también sirve para decirte estúpida, pero en mi caso nunca me lo dijeron de ese modo. Bajamos con nuestras maletas, subimos al elevador (nos confundimos mucho) pero llegamos.
Compramos los boletos para partir a Valencia y de ahí a Gandía, donde vive mi prima, la estación del Metro era muy vieja, con el frio que hacía y la gente tan cortante me remitía al metro de “Goss la sombre del amor”, comimos, “comida rara” aunque también se usa aquí, pero el paquete consistía en un vaso de coca-cola con un sandwish frio y uno caliente, el caliente era de queso y jamón y el frio de atún y no te podían dar los dos calientes, sólo me comí el de jamón, el lugar si estaba lleno de basura y empaques de sandwish, la coca aunque sea igual, no se si hayá sido por el vaso, por el lugar conjuntando mi imaginación pero daba un sabor húmedo. Nos dirijimos al camión, subimos en el recorrido pusieron una película de Cantinflas que sólo vi el título y había nieve, porque me quede completamente dormida escuchando música.
Llegamos a Valencia aunque dormí en el trayecto lo hice sentada y a todo esto no había comentado que la diferencia son 7 horas más allá, (un desequilibrio total) ahora nos teníamos que transportar al tren (que es idéntico al suburbano) corrimos porque como los horarios son exactos era el ultimo que iba a salir, tomamos un taxi muy elegante a comparación con los de aquí (así son todos allá) llegamos corriendo, como pudimos subimos las maletas 22 horas después (11 en avión y 11 en tren metro, taxi y autobús) estábamos en la salida esperando a que nos recogiera el esposo de mi prima, ya estábamos muy cerca. ¡Llegó!
Llegamos a la calle Venicanena me dijo ve subiendo anda, eso hice fuimos mi tia y yo por el elevador y Víctor por las escaleras cuando llegamos al piso tocamos y mi prima nos abrió, estábamos muy felices pues hace 1 año que no la vehía me llevó a la sala a que conociera lo más bonito que pude ver en España, a su hijo de un mes de recién nacido. No sólo es algo de lo más bonito que vi en España sino en la vida y es una de las mejores experiencias que he tenido. Así llegué a España.